Tips para ser asertiva
Descubre cómo llegar a ser asertiva, pedir lo que necesitas y conseguir lo que quieres, sin dejar de ser uno mismo.

Tips para ser asertiva

La asertividad es la capacidad de expresar nuestros deseos y necesidades de forma sencilla, sincera, directa y de manera adecuada, diciendo lo que queremos sin lastimar ni herir a los demás.

En muchas ocasiones tenemos conversaciones que no nos llevan a ningún lado.  Comenzamos hablando con el otro en aparente equilibrio emocional, y en el momento menos esperado, una palabra, un gesto, algo, no sé qué, despiertan a la leona que llevamos dentro y perdemos el control: atacamos, insultamos, culpamos, gritamos, en fin…

En ocasiones hasta salimos mal paradas porque no teníamos claro lo que queríamos lograr en esa conversación, y sin darnos cuenta hasta salimos culpadas y regañadas.

Esto se debe a no tener herramientas que nos ayuden a comunicarnos de manera asertiva.  Hoy les daré algunos tips:

Cuidado con nuestro estado emocional

Generalmente queremos hacer reclamos o tener una conversación incómoda cuando estamos enojados, tristes o con miedos.  Nuestro estado emocional al estar desequilibrado ocasiona que la conversación se salga de control y termine en una batalla campal.

Si estamos enojadas, debemos esperar a que recuperemos la paz.  De lo contrario, ocuparemos palabras hirientes, culparemos a los demás y lastimaremos a la persona.  Lo peor de todo es que herimos a los seres que más amamos, como, por ejemplo, a nuestros hijos o pareja.

Una vez que nuestras emociones estén en paz, entonces podremos pasar al siguiente punto.

Sentémonos a tomar un cafecito con nosotras mismas.

Tomemos un momento del día, cuando nadie nos interrumpa, y tomemos un papel y pluma mientras nos tomamos un café.  

Nosotros somos responsables de nuestras emociones.  Hagámonos cargo de ellas, tratando de entender las razones por las que nos sentimos así.  Contestemos las siguientes preguntas: ¿Qué fue exactamente lo que te lastimó? ¿Acaso fue una palabra, un gesto, el contenido de la frase, la intención, qué fue? ¿A qué se debe tu reacción? ¿Si hubiera sido otra persona, hubieras reaccionado igual?, ¿Qué necesitas?

Una vez que entendamos lo que necesitamos y exactamente qué fue lo que nos molestó tanto, podremos pasar al siguiente paso.

Encontremos la intención

¿Cuál es la intención de esta charla?  ¿Qué resultado queremos alcanzar?

Una vez que respondemos estas preguntas, estaremos listas para planear la conversación.   Sabremos exactamente lo que queremos pedir.  Esto es de gran utilidad, sobre todo, cuando la otra persona busca cambiar la conversación a su manera, o cuando quiere tomar otro camino.  Cuando esto sucede, con calma, regresaremos al objetivo que perseguimos y dirigimos la charla en dirección correcta.

Agendar la conversación

Nos sucede a menudo que queremos hablar con el hijo, el esposo, el colaborador, etc. cuando nosotros queremos, sin considerar el tiempo del otro.  Esto ocasiona que nuestro interlocutor no esté disponible para atender nuestras palabras.  Es por ello, que agendar una cita servirá para que la persona pueda escucharnos.

Cuidar el modo y la manera.

Hay que darle importancia al lenguaje no verbal ya que es el 93% de lo que se dice.  Sólo el 7% es verbal.  Esto quiere decir que es fundamental cuidar nuestra corporalidad (gestos, caras, brazos cruzados, ojos amenazadores) y nuestra manera de hablar (tono de voz).

Hay una fórmula que dice que el 55% de nuestra comunicación se realiza a través del cuerpo, el 38% a través del tono de voz y sólo el 7% es el contenido de nuestras palabras.

En miles de ocasiones nos sentimos amenazadas sólo por la manera en que se nos acercan a decirnos algo.  ¡Y cuidadito si nos levantan la voz! Automáticamente nos cerramos.  Lo mismo sucede con nuestro interlocutor.  Si cuidamos el modo y la manera en que hablamos, generaremos un lugar seguro para ambas partes donde podamos abrirnos a la comunicación.

Creer que el otro es una buena persona

Al comenzar una conversación debemos alejarnos de culpar al otro, y creer que es una buena persona.  Simplemente se equivocó.  Nosotros no conocemos su historia de vida ni sus heridas.  En general las personas somos buenas, pero nos equivocamos.

Separemos a la persona del acto.  La persona es buena y digna de respeto, pero la acción es reprobable.  

Cuando hablemos digamos, por ejemplo: el otro martes en la comida, cuando hiciste este comentario, me sentí humillada.  Sé que no fue tu intención lastimarme, pero así me sentí.

Juzgar al otro lastima, cierra y enciende el orgullo y la soberbia.  No habrá cambios y sí muchos resentimientos.

Hablar en primera persona

Necesitamos hacernos cargo de lo que decimos.  No sirve decir: todo el mundo piensa…, todo el mundo dice…, todos se dieron cuenta…, etc.

Esto genera desconfianza y la persona se sentirá en la necesidad de defenderse.  Si nosotros buscamos ser escuchadas, será necesario cuidar que el otro se sienta comprendido y amado.

Expresar lo que necesitamos de manera sencilla

Pocas palabras y directo al grano.  Hay que cuidar de no enrollarnos en explicaciones: trayendo al presente lo que ocurrió en el pasado, reviviendo actitudes y acciones anteriores.  Esto no ayuda, sino que perjudica nuestras relaciones.  Salen a la luz los rencores o resentimientos, impactando negativamente nuestras emociones, terminando con una relación disfuncional y llena de heridas.

Hablaremos sólo y exclusivamente de lo que nos compete el día de hoy y nada más.

Aprendamos a decir: “no”

Cada vez que decimos “sí” cuando queríamos decir “no” veremos nuestra libertad comprometida.  Nos llenaremos de resentimientos contra nosotras mismas por haber aceptado algo que no queríamos hacer.  Cuántas veces nos esclavizamos solitas por no saber decir esta palabrita.  Aprendamos a decir “no” de una manera educada y amable.  Por ejemplo: te agradezco la invitación.  En estos momentos no me va a ser posible asistir, ya que…Te agradezco enormemente.

Lleguemos a acuerdos

No hay nada más desgastante en una relación que comprometerse con el otro y no cumplir nuestra palabra.  Cuando digamos “sí”, asumamos el compromiso.  Cuando nosotros no honramos nuestras palabras se pierde la confianza.  El otro se siente inseguro porque no sabe si le volveremos a fallar.  

Seguir estos consejos nos ayudará  a construir relaciones, pero sobre todo, el mejor regalos que nos sentiremos alegres y en paz con nosotras mismas y con los demás.

Sandra Leal

Coach | i am

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