Rosinda: El coaching me cambió la vida

Cómo decidí dejar la seguridad corporativa después de 21 años y reinventarme profesionalmente

¿Qué loco no? Estoy segura de que varios de ustedes pueden estar pasando por algo similar…

Imagínate que tienes un muy buen trabajo, seguridad, conoces muy bien lo que haces y entregas resultados, así estaba yo, manejaba México y Latino América en una compañía de entretenimiento, tenía interacción con corporaciones de todo el mundo y había ido subiendo de puesto y responsabilidades en la empresa a lo largo de 21 años… Pero llegó un momento en que quería más, algo diferente, necesitaba volver a sentir “mariposas en el estómago”, como cuando nos enamoramos, tener nuevos retos y sobre todo… ¡quería probarme a mí misma!

Pero te voy a decir, aunque todo esto suena genial y mi cuerpo se emocionaba al pensarlo y al planearlo, al mismo tiempo me moría de miedo, que digo miedo: ¡terror!

Pero empiezas a dedicarle más y más tiempo a analizar eso que te mueve tanto, que te inspira, te imaginas como te verás, cómo te sentirás logrando ese sueño, pero también nuestra vocecita interna, que en muchas ocasiones no es nuestra mayor aliada, nos hace preguntas como: ¿Pero para qué brincar al vacío cuándo estás tan bien? ¿Para qué tomarte la molestia y toda la incomodidad que un proceso de reinvención implica?

Y no solo es tu voz interna, y tus miedos haciendo campaña para que te aferres a lo conocido y seguro tratando de convencerte de que, el área de confort es deliciosa y que estás en un gran momento de tu vida, también, mucha gente que te rodea y que te quiere ¡te hace las mismas preguntas!

Por lo que la decisión no es nada fácil,  pasas muchos días pensando “que te avientas” y muchos otros pensando que ¡ni de broma! Le das vueltas y más vueltas, tendrás certezas y miles de dudas, pero lo más importante de todo, y es parte de lo que aprendí, es que hay que pasar de la intención a la acción, dejar de pensar en aquello que me gustaría hacer o lograr y ¡llevarlo a cabo!

Una de las cosas que tenía muchas ganas de hacer era certificarme como coach humanista organizacional, y encontré el tiempo para hacerlo, me inscribí y te garantizo que me cambió la vida; encontré un nuevo sentido para mí, muchas herramientas, prácticas y enseñanzas que me llevaron, suavemente, a esa reinvención que tanto anhelaba;  tuve acompañamiento, que es algo muy importante, ya que se siente más fácil hacer todos esos cambios cerca de alguien, encontré esa emoción que buscaba, la pasión de servir y compartir con más personas, todo aquello que me fue tan útil. Encontré a Sandra, una socia extraordinaria y fuimos dando pequeños pasos y construyendo los cimientos de lo que sería nuestra empresa y nuestra vocación: ayudar a los demás en sus procesos de cambio y llevarlos a ser la mejor versión que pueden ser.

Te comparto una reflexión y una analogía que uso mucho en mis talleres y conferencias: conforme vamos creciendo la vida nos lleva por caminos sin mapas, tomamos decisiones, en muchas ocasiones, enfocados en resolver a corto plazo y con poco tiempo de análisis, de cierta manera es como cuando estamos en el mar, “toreando unas buenas olas” (algo que me fascina, por cierto) y entonces apenas salimos de una, viene la otra mucho más fuerte, y tenemos que volver a clavarnos y pegarnos al fondo de arena, y así respirando rápido, preparándonos para la siguiente y la siguiente, y tratar de que ninguna de ellas nos gane y dé de vueltas y vueltas, y perdamos, de momento, todo sentido de orientación.

Así llegan los trabajos en la vida, las parejas, si resolvemos casarnos, los hijos, las responsabilidades, colegiaturas, tal vez una hipoteca; como una ola tras otra, y nos queda poco tiempo para planear, poco tiempo para hacer pausas y reconectar con nosotros mismos, poco tiempo para escarbar en esos archivos que tenemos todos en el corazón y que tienen un letrero que dice “algún día”.

Y eso no significa que no seamos felices, ni que no estemos plenos, ni estemos seguros de que las decisiones que hemos ido tomando han sido acertadas, pero a lo largo de muchos de estos años, tanto hombres como mujeres, dejamos de vernos, por el tiempo, las responsabilidades, la competencia, los estándares sociales, etc.

Pero de pronto empezamos a sentir  bien adentro inquietud de insatisfacción, de: ¡quiero más, necesito algo nuevo!… Y ¿sabes que te digo? Escúchate, muévete, aprovecha eso que sientes porque estás en un momento ideal de comenzar algo nuevo, algo distinto, de sentir nuevamente esa emoción que se vuelve el motor para llevarte a nuevos caminos y nuevos retos.

Hoy el mercado cambia prácticamente cada tres meses, industrias muy sólidas están siendo sustituidas por la tecnología, estamos viviendo la cuarta revolución industrial y esto trae muchísimos cambios a nivel laboral, personas que tenían una carrera muy sólida en el mundo corporativo, de pronto, se ven sin trabajo, o con la incertidumbre de no saber cuánto tiempo más lo tendrán; las relaciones personales han cambiado también, el mundo se mueve más rápido que nunca y tenemos que prepararnos para subirnos a esa ola y disfrutarlo, aunque no tengamos claridad acerca de todo lo que veremos y a pesar del miedo que tienen muchos hacia lo que viene en el corto y mediano plazo, lo mejor que podemos hacer es prepararnos, seguir nuestros instintos y sueños; voltear a ver lo que siempre hemos querido y empezar a hacer un plan de acción para ir dando los pasos que nos acerquen a lograrlo.

Todos buscamos cómo mejorar, cambiar o progresar en algún área de nuestra vida.

Mejorar nuestra calidad de vida emocional, nuestras relaciones; cómo mejorar en nuestros trabajos, negocios; cómo tener más seguridad, sentirnos más felices, más plenos, encontrar un propósito o un mayor sentido en nuestra vida.

Esto es lo que he aprendido en mi nueva etapa profesional y es por esto que te quiero acompañar.

No importa de dónde venimos, ni  a qué nos dedicamos: todos buscamos lo mismo porque somos más parecidos de lo que pensamos y porque en realidad somos nuestras emociones, porque todos estamos hechos de sueños, metas y al mismo tiempo, de miedos e inseguridades, porque todos queremos ser vistos, ser escuchados, ser amados.

He podido comprobar cómo un problema se puede convertir en una oportunidad, cómo el dolor se puede transformar en fortaleza; cómo el miedo se puede convertir en coraje; como las dudas desaparecen y se convierten en convicciones. He visto cómo lo que parecía el final puede ser un nuevo y gran  inicio. Y cómo la desesperación se convierte en esperanza e ilusión.

De manera que si te preguntas ¿puedo cambiar, puedo mejorar? Con absoluta certeza, la respuesta es un rotundo ¡¡SÍ!!.

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